Presentación del blog

Jueves, 25 de octubre de 2,007. Comienzo a escribir este modesto blog con varios objetivos. Uno, el de hacer una pequeña aportación a una cuestión tan candente, obligatoria y al mismo tiempo delicada como la del decrecimiento; difundir algunas de sus propuestas pero sobre todo, aportar una visión personal sobre el tema. He visto a muchas personas, al interesarse por el decrecimiento, hacerse la misma pregunta: “¿bueno, y algún ejemplo práctico?”, “¿Y por dónde empiezo?”. Quizás conocer mis inquietudes y contradicciones les aclare algo. Probablemente al revés, les cree más incógnitas. No es una cuestión sencilla, la de desaprender lo asumido desde niño.

A nivel personal tal vez me sirva para trazar mejor mi camino. Incluso, para presionarme un poco; una especie de compromiso que creo con mis lectores/as a los que intentaré no defraudar. En cualquier caso que nadie espere heroicidades ni sacrificios absurdos de cara a la galería, ni afán de conseguir ninguna medalla. Mas bien dudas y debilidades, aunque eso sí, echándole un poco de humor y alegría al asunto, pues pienso que deben ser la base para una feliz plenitud decreciente.

Estoy contento de reunirme contigo en el ciberespacio; desde allá sonde estés, nos unirá nuestro amor por la vida y por este maltratado planeta. Un beso!

ANDONI

Carta del Jefe indio Seattle a Franklin Pierce, Presidente de los EEUU.

Reproduzco por su enorme valor esta carta enviada por Dakar al foro de ecoaldea.com:

En 1854, Franklin Pierce, “el Gran Jefe de Washington”, hizo una oferta por una gran extensión de tierras indias, prometiendo crear una “reserva” para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe Seattle, publicada según una versión que se atribuye al guionista americano Ted Perry, más allá de su extraordinaria belleza, se ha convertido en un manifiesto clásico a favor del respeto al medio ambiente:

El gran jefe de Washington manda palabras, quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe también manda palabras de amistad y bienaventuranzas. Esto es amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero tendremos en cuenta su oferta, porque estamos seguros de que si no obramos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestras tierras. El gran jefe de Washington puede contar con la palabra del gran jefe Seattle, como pueden nuestros hermanos blancos contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.

Si no somos, dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán, ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo.

La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco se olvidan de su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio, nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas.

Somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros. El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes.

El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objeto que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento – la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos, todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra.

El hombre no tejió la trama de la vida; ? él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.

Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirían, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarían hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.

Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porqué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.

¿Dónde está el bosque espeso?… Destruido.

¿Dónde está el águila?… Desapareció.

Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar sobrevivir.

“SÓLO CUANDO EL ULTIMO ÁRBOL ESTÉ MUERTO, EL ULTIMO RÍO ESTÉ ENVENENADO Y EL ÚLTIMO PEZ SEA PESCADO NOS DAREMOS CUENTA DE QUE NO PODEMOS COMER DINERO” (indios Cree americanos)

Personas vivas, personas muertas y personas deambulantes

Podemos clasificar a las personas en tres grupos: las vivas, las muertas y las deambulantes. Las vivas son las que disfrutan la plenitud de la vida, entienden el valor de las cosas sencillas y los buenos momentos y mantienen joven su espíritu estimulados por la sana curiosidad de un niño; así que deciden cuidar su cuerpo y su mente, comiendo alimentos saludables y manteniéndose al margen de los estímulos indeseables de la sociedad que les rodea. Son personas vivas porque cultivan vida, la defienden y la representan.

Las muertas son aquellas cegadas por la ambición y el egoísmo; devoradas por las imágenes de la sociedad del consumo, vendieron su alma al diablo a cambio de dinero, celebridad y poder. En su loco camino arrasan todo lo que en la vida hay de hermoso y auténtico y depredan el planeta y sus recursos sin pensar en los demás ni el mañana. Es un camino de muerte y así se condenan a representar a la muerte.

Las personas deambulantes carecen de la malicia de las muertas, pero no alcanzaron aún la sabiduría de las vivas. Rodeadas desde la infancia de los estímulos tramposos de la sociedad consumista, consideran lógicas e indiscutibles muchas de sus afirmaciones como la fe en el progreso económico, aunque perciben inquietas sus consecuencias nefastas: contaminación, encarecimiento de costes, guerras y problemas sociales por doquier. Les cuesta sobremanera creer que esta situación pueda cambiar, pues se les ha educado en el egoísmo corto y el conformismo. Trabajan como esclavos para conseguir su zanahoria sin llegar a entender que son grandes y que pueden ser libres.

No es fácil saber cuántas personas hay en cada grupo. Yo opino que la mayoría son deambulantes, y que hay no pocas muertas fastidiando por ahí. Pero mi percepción (y mi esperanza) es que cada vez es más numeroso el grupo blanco de las vivas, como un lento pero imparable goteo regenerador de esta sociedad agotada. Hace poco conocí a un grupo extraordinario de ellas en Cantabria, ¡cuánta energía desprendían, cuánto se puede esperar de personas así! Espero que esta dinámica sea suficiente y prevalezca antes de que los daños a nuestro amado planeta sean más dramáticos.

Tu aprecio por el decrecimiento es una señal bastante clara de lo viv@ que estás y te convierte en mi amig@. Las personas que defienden el decrecimiento han superado -o están en el proceso de hacerlo- el egoísmo propio de una sociedad vulgar; y comprenden que serán más felices disfrutando de una buena conversación o un paseo que mirando absortas las imágenes multicolor de la última televisión de plasma. Este cambio es muy meritorio porque el enemigo es grande y poderoso, así que ¡felicidades!

Yo particularmente, hasta hace no mucho he sido un muerto-viviente con aspiraciones de más. Hace años quería demostrar lo valioso que soy, pero el tiempo me ha concedido sencillez… Por inconformista escuché a quien me habló de la vida y entusiasmado me he entregado a ella. No pienso ahora en otra cosa que en dejar un futuro mejor para los que vengan.

De permacultura, materiales y falta de tiempo

Siempre tengo la tendencia a llenarme la cabeza con demasiadas cosas, soy de esos tipos a los que una vida no les será suficiente. Ahora intento encontrar tiempo para dedicarme a bioconstrucción e instalaciones, huerto ecológico, algunos blogs para difundir temas que me interesan, permacultura, componer mi música y dibujar a mis sobrinas; además de atender otros temas cotidianos como por ejemplo cuidar un poco más a Inés mi pareja, que me recuerda que el amor es como una planta y yo la riego poco.

Así que ahora que hago el curso de albañilería -con el que espero poder ser útil dedicándome a la bioconstrucción- de 8 a 17 horas, intento meterme otro curso más (todos del paro y gratis, claro) de lampistería: fontanería, gas, electricidad y otras instalaciones. Este curso es de 16 a 21 horas, así que mi tiempo queda más que apretado. He retomado la moto muy a mi pesar porque es imposible seguir este ritmo a golpe de bicicleta…

La ventaja de estudiar tanto es que en menos tiempo conseguiré los conocimientos que creo necesitar para ser útil donde quiero, y como sólo tengo cuatro meses de paro esto me permitirá poder trabajar antes y con más garantías. Pero es un sacrificio de precio alto: usar la moto indeseada, descuidar mis obligaciones en casa, no poder ayudar mejor a l@s compañer@s de la Entesa pel Decreixement, dejar más cosas por el camino.

Creo que en permacultura hay un principio que viene a decir que en ocasiones, merece la pena utilizar un recurso que parece contrario a nuestros propósitos, si con ello conseguimos más rápidamente un resultado mejor, mejorando la eficiencia general. En bioconstrucción son habituales los juegos malabares para elegir entre un material extranjero de más calidad y duradero aunque de un coste medioambiental más alto, y otro material de origen local y barato pero de peor aislamiento y que necesita más mantenimiento. ¿Qué resulta más ecológico? Son preguntas de respuestas subjetivas e indefinidas.

Así, espero acertar priorizando de esta forma mis 24 horas, es de esperar que cuando esté ayudando a dar forma a algún proyecto interesante con estos nuevos conocimientos la satisfacción me recompense por lo que dejé de hacer.

Más pasos hacia el Decrecimiento

Reproduzco unas interesantes propuestas de los Ecoactivistas redactores de “The Ecologist”, excelente (y crítica!!) publicación trimestral que ha dedicado un monográfico al tema del Decrecimiento y la Eco-nomía:

 

  1. Alimentación. Consumid todos los productos silvestres que podáis y recogedlos vosotros mismos con métodos conservacionistas. Consumid todos los productos autropoducidos que podáis. Procurad que los alimentos sean biológicos, locales, artesanales… Si no tenéis huerto ni posibilidad de ello, sumaros a una cooperativa, plantad en la terraza de casa, proteged el pequeño comercio y las redes locales, comprad directamente a los hortelanos y granjeros. Si podéis, haceros el yogur, el pan, los pasteles… Rechazad los productos de grandes marcas convencionales, la modificación genética, los alimentos muy publicitados en TV, la comida basura… Agradeced los alimentos que coméis cada día. Disminuid todo lo que podáis la ingesta de proteína animal, muy cara ecológicamente hablando. Consumid productos de temporada. Cocinad a fuego lento. Huid de la comida precocinada. Conservad y/o proteged las recetas, las variedades y las tradiciones locales. En la India védica, el cocinero tenía un estatus tan alto, casi, como el de un brahman o el de un doctor.
  2. Sociedad. Mantened unida vuestra familia. Tejed alianzas con los vecinos, con los demás padres de la escuela de vuestros hijos (si es que van a la escuela), con los compañeros del trabajo, con toda la comunidad y, especialmente, con los familiares más cercanos y lejanos y con vuestros amigos. Sumaros a cooperativas, economatos, redes de consumo local… Proteged el pequeño comercio y las eco-nomías locales, los artesanos y los granjeros locales. Promocionad el tipo de sociedad mediterránea, cordial, sencilla. Es ecológica, saludable y proporciona buen humor.
  3. Energía. Ahorrad toda la energía posible. Reciclad energía. Procurad un uso eficiente de la energía. Sacadle el mayor provecho a la energía utilizada. Consumid, en la medida de vuestras posibilidades, energía que proceda de fuentes renovables. Invertid, en la medida de vuestras posibilidades, en fuentes energéticas renovables. Difundid, en la medida de vuestras posibilidades, las fuentes energéticas renovables en vuestro trabajo, en vuestro hogar, en los centros de estudios…
  4. Cultura. Huid de la homogeneización cultural global y del imperio anglosajón (y de cualquier otro imperio). Sed creativos, participativos. No seáis meros espectadores pasivos. Proteged las culturas autóctonas, las lenguas locales, la cultura rural, los hechos culturales diferenciadores de cada enclave (sea rural o urbano)… Proteged las raíces, el pasado, la diferencia, la biodiversidad cultural… sin fanatismos. Proteged a los creadores locales y a las pequeñas industrias culturales de cada zona. Despreciad la clonación cultural, estéril y de mal gusto. Dalí dijo: “Sólo lo ultralocal puede llegar a ser universal”. La cultura local, el arte en familia, las tradiciones propias… fomentan la identidad. Sin identidad y sin respeto por el pretérito propio (ojo, no confundir con las mentes cerradas), nadie es nada. Respetad las culturas orales. Desconfiad de los sistemas culturales verticales. Recordad que de la universidad han salido millones y millones de personas que han atentado contra el hombre y la Naturaleza (y algunos/as estudiosos/as honrados).
  5. Dinero y consumo. Despreciad la usura. Despreciad la especulación. Fomentad la eco-nomía. Procurad no utilizar dinero electrónico. Fomentad el precio justo, el trueque, el intercambio, las monedas alternativas, los productos verdes… Despreciad el pago a destiempo. Esquivad al Estado y sus impuestos en todo lo que podáis, porque ese dinero no es utilizado en su mayoría con fines sociales, sino en proteger al propio Estado, al ejército… Sed insumisos fiscales siempre que podáis. Si el dinero os sobra, por la razón que sea, compartidlo: una vez satisfechas las necesidades personales, lo que no se da… se pierde. Evitar el consumo superfluo, compulsivo, innecesario. Esto evita despilfarro energético, creación de residuos, la perpetuación del Sistema… Que vuestro consumo tenga siempre en cuenta criterios medioambientales, sociales, éticos…
  6. Trabajo. Procurad que vuestro trabajo sea lícito. Es decir, que suponga el mínimo impacto posible en la Naturaleza y que tampoco conlleve maltrato o desprecio de otros seres vivos, incluido el ser humano. Procurad que sea un puesto de trabajo lo más verde posible. Procurad, también, que conlleve que tengáis tiempo libre suficiente para progresar espiritualmente, emocionalmente… y para dedicarlo a la familia y a las actividades que creáis conveniente, sean artísticas, sociales… Huid de los trabajos que fomentan la usura y la especulación, el comercio deshonesto, el despilfarro y el consumo compulsivo, el engaño al consumidor, la globalización… Los trabajos artesanales, locales, de escala humana, son trabajos que fomentan la eco-nomía. Si están en relación con la agricultura biológica, las energías renovables, la relocalización de la economía, la salud natural, la unión de la comunidad… mejor. Que vuestro trabajo no ponga nunca en peligro la existencia de las generaciones futuras.
  7. Salud. La salud es equilibrio. Fomentad el equilibrio vuestro y el de vuestra familia. Tened una dieta saludable, hábitos sanos, un trabajo saludable, una casa sana, huid del estrés y de todas las situaciones que provocan confusión mental y problemas innecesarios. Estudiad las formas de salud tradicionales, ya que os serán muy útiles. Autogestionad vuestra salud y la de vuestra familia hasta donde os sea posible. Comprended el mundo de la salud como un todo holístico, que incluye la dieta, los hechos medioambientales, el lugar de residencia, el trabajo, el mundo espiritual, la familia… Huid de todo tipo de agresiones. La medicina alopática puede tener cosas buenas, de las que se puede echar mano en un momento determinado, como los diagnósticos, por ejemplo. La muerte forma parte también de la vida.
  8. Política. La política actual, en general, salvo muy raras excepciones, todo el sistema político… vive en las antípodas del decrecimiento económico. Hay partidos más o menos sensibles a los problemas medioambientales y/o sociales, pero, en su mayoría, no se atreven a cuestionar el modelo actual de desarrollo económico. A lo sumo, hablan de un crecimiento sostenible. Pero el problema es que el crecimiento y la sostenibilidad son, como todos sabemos, incompatibles. La única vía posible de alternativa es el biorregionalismo, que poco tiene que ver con los partidos nacionalistas al uso, porque el biorregionalismo conlleva una descentralización absoluta y radical. La fórmula tendría más que ver con un mundo organizado en base a pequeñas comarcas autogestionadas que con los sistemas nacionalistas convencionales.
  9. Tecnología. La tecnología no es neutral. La tecnología apuesta por el desarrollo económico y la dictadura tecnocientífica. La tecnología y la ciencia han creado una nueva religión, cuyos dogmas son “enchufados” a la población a través de los medios de comunicación de masas. Evidentemente, en la actualidad, en un lugar como España, sería muy difícil volver a ser cazadores-recolectores y vivir completamente de espaldas a la sociedad tecnológica. Sin embargo, sí hay diferentes estadios… de integración en el mundo tecnológico. Con determinados hábitos de consumo, de vida, con determinadas elecciones diarias, podemos sabotear el mundo tecnológico y las empresas, los estados, los ejércitos, las máquinas… que se encuentran detrás de ellos. Por un lado, sin llegar a posiciones de ludismos radicales, es conveniente vivir lo más alejado del sistema tecnológico, que es destructor de la Naturaleza y de las sociedad humanas. Y, por otro lado, conviene fomentar las tecnologías más artesanales, de escala humana, sometidas a un control social, fácil, asequible y directo. Sin necesidad de llegar a convertirnos en amish, es posible encaminar nuestra vida hacia formas de vivir menos adictas al mundo tecnológico. O, al menos, a la parte más demencial y aberrante del universo tecnológico actual.
  10. Espiritualidad. El futuro será espiritual o, simplemente, no habrá futuro. El estudio de las confesiones tradicionales que han vivido en Gaia nos puede servir de inspiración. Este gran cambio de paradigma que conlleva el decrecimiento económico sólo es posible en el marco de un cambio de paradigma holístico mucho más profundo, que incluya el mundo espiritual. Contener los deseos y los apegos consumistas, si hablamos de miles de millones de personas, es imposible hacerlo sin tener en cuenta la sabiduría que emana de los libros sagrados y de las culturas orales de las diferentes tradiciones del mundo (ojo, no confundáis la Tradición Primordial con gurus de rebajas, ni con las jerarquías eclesiásticas más apegadas a las formas que a las esencias, ni con tradiciones populares aberrantes que no fueron jamás recomendadas por ningún hombre o mujer santos). Cada tradición, o cada maestrillo, tienen su librillo. Ahí hay claves que necesitamos comprender y, luego, asimilar, para dar pasos hacia una sociedad digna, justa, libre y bella y en armonía con la Naturaleza y el Cosmos. Nota importante: una vida de bajo consumo no lleva consigo, necesariamente, una vida de vacío espiritual y emocional sino que, al contrario, la vida sencilla conduce, o puede conducir, a una vida más intensa en lo espiritual, de la misma manera que, en buena medida, el consumo compulsivo tiene por objetivo llenar el vacío espiritual de la sociedad contemporánea.

EcoActivistas

Sanitario seco y ahorro de agua

He vivido una experiencia singular en Cantabria, en un curso excelente de bioconstrucción organizado recientemente por el buen amigo Oscar Argumosa. Durante diez días se ha reunido un grupo de unas cuarenta personas en su centro entre asistentes, residentes y profesores a los que ya se había advertido de que allá se utiliza el sanitario ecológico seco, reutilizando nuestras cacas como abono (con unos puñados de serrín) y haciendo pis por donde pillaras. Vaya, más natural imposible!!

La respuesta de tod@s fue excelente, en la linea de gran participación y buen rollito del encuentro. Claro que para much@s fue su primera vez, casi también para mí. La sensación de que hasta tu caca tiene sentido, es tratada debidamente y se prepara para devolverla a la Naturaleza con amor, es muy gratificante. Saber que no desperdiciarás estúpidamente diez litros de agua tirando de una cadena es un alivio.

Así que me pregunto, ¿cuántos litros de agua se ahorraron en este encuentro, gracias a este buen criterio y la colaboración? Fácil multiplicar diez días, por cuarenta personas, por mínimos tres usos al día, por diez litros de cada cisterna; ¡doce mil litros de agua! No hay duda de que es un resultado extraordinario, y una muy buena aportación. ¿Cuántos litros más ahorraríamos si pudiéramos emplear el sanitario seco a diario?

Está claro que, con la problemática inminente de la escasez de agua potable, nuestra sociedad tendrá que abrir sus miras y asimilar conceptos y realidades cotidianas en otras culturas, incluso en la nuestra en las zonas más rurales hasta hace no tantos años. Derrochar miles y miles de litros de agua preciosa cuando en tantos lugares del planeta padecen escasez de ella y aquí mismo no vamos nada sobrados, por un trasnochado concepto de higiene y un desprecio de nuestra propia naturaleza, mediante sistemas del todo insostenibles, contaminantes y de alto coste energético; es un costoso capricho que no nos podemos permitir. ¡Si al sanitario ecológico seco!

¿Qué hacer con la moto?

Ahora que voy la mar de contento con mi bicicletilla plegable y disfruto pedaleando hasta el trabajo, estoy cogiendo una profunda aversión a los coches y el tráfico y dejando arrinconada y polvorienta mi veterana moto Yamaha Neo’s.

La moto, todo hay que decirlo, es un transporte ideal para disfrutar Barcelona. Bueno, ahora que la he probado sé que la bici no tiene nada que envidiarle, y más ahora que los políticos se han sumado a la movilización ciudadana y promocionan los carriles-bici. Cada vez hay más ciclistas alegrando la ciudad y me gusta participar de este buen rollito.

Ya estuve a punto de vender la moto hace unos meses, pero el comprador al final se echó atrás. Después de leer el libro de Jim Merkel “Simplicidad radical” tanto me encorajiné, que decidí deshacerme del medio de transporte que tan bien me ha ido durante años. Y como aún la tengo, la aprovecho de vez en cuando; debo aclarar que ahora vivimos en el Guinardó, una zona alta hacia la montaña y con cuestas empinadas. Me resulta práctica para mover cargas pesadas o cuando voy a algún lado con mi pareja. Pero mantenerla así me da que no es plan.

He tenido que llevarla al mecánico porque se había atascado el freno trasero, y el amigo Juan me aclara que es del poco uso, con la humedad se quedó trabado. Encima me quejo del humo abundante, contaminante y molesto que suelta ahora y me responde que de poco usarla, se acumula el aceite en el mezclador y al arrancarla contamina de golpe lo que he ahorrado pacientemente durante la semana con la bicicleta. Vaya, que si le hiciera más kilómetros funcionaría de forma más eficiente!!

En cualquier momento el motor dirá ¡¡basta!! y repararlo costaría unos 500 €. Supongo que será el momento para abandonarla definitivamente.

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