Personas vivas, personas muertas y personas deambulantes

Podemos clasificar a las personas en tres grupos: las vivas, las muertas y las deambulantes. Las vivas son las que disfrutan la plenitud de la vida, entienden el valor de las cosas sencillas y los buenos momentos y mantienen joven su espíritu estimulados por la sana curiosidad de un niño; así que deciden cuidar su cuerpo y su mente, comiendo alimentos saludables y manteniéndose al margen de los estímulos indeseables de la sociedad que les rodea. Son personas vivas porque cultivan vida, la defienden y la representan.

Las muertas son aquellas cegadas por la ambición y el egoísmo; devoradas por las imágenes de la sociedad del consumo, vendieron su alma al diablo a cambio de dinero, celebridad y poder. En su loco camino arrasan todo lo que en la vida hay de hermoso y auténtico y depredan el planeta y sus recursos sin pensar en los demás ni el mañana. Es un camino de muerte y así se condenan a representar a la muerte.

Las personas deambulantes carecen de la malicia de las muertas, pero no alcanzaron aún la sabiduría de las vivas. Rodeadas desde la infancia de los estímulos tramposos de la sociedad consumista, consideran lógicas e indiscutibles muchas de sus afirmaciones como la fe en el progreso económico, aunque perciben inquietas sus consecuencias nefastas: contaminación, encarecimiento de costes, guerras y problemas sociales por doquier. Les cuesta sobremanera creer que esta situación pueda cambiar, pues se les ha educado en el egoísmo corto y el conformismo. Trabajan como esclavos para conseguir su zanahoria sin llegar a entender que son grandes y que pueden ser libres.

No es fácil saber cuántas personas hay en cada grupo. Yo opino que la mayoría son deambulantes, y que hay no pocas muertas fastidiando por ahí. Pero mi percepción (y mi esperanza) es que cada vez es más numeroso el grupo blanco de las vivas, como un lento pero imparable goteo regenerador de esta sociedad agotada. Hace poco conocí a un grupo extraordinario de ellas en Cantabria, ¡cuánta energía desprendían, cuánto se puede esperar de personas así! Espero que esta dinámica sea suficiente y prevalezca antes de que los daños a nuestro amado planeta sean más dramáticos.

Tu aprecio por el decrecimiento es una señal bastante clara de lo viv@ que estás y te convierte en mi amig@. Las personas que defienden el decrecimiento han superado -o están en el proceso de hacerlo- el egoísmo propio de una sociedad vulgar; y comprenden que serán más felices disfrutando de una buena conversación o un paseo que mirando absortas las imágenes multicolor de la última televisión de plasma. Este cambio es muy meritorio porque el enemigo es grande y poderoso, así que ¡felicidades!

Yo particularmente, hasta hace no mucho he sido un muerto-viviente con aspiraciones de más. Hace años quería demostrar lo valioso que soy, pero el tiempo me ha concedido sencillez… Por inconformista escuché a quien me habló de la vida y entusiasmado me he entregado a ella. No pienso ahora en otra cosa que en dejar un futuro mejor para los que vengan.

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4 comentarios

  1. Ageadecer al señor andoni por compartir sus experiencias y sus puntos de vista, que entiendo se pone como quie dice, en los sapatos de la gente sencilla y un sentimiento de valores humanos y que quizas podemos intercambiando experiencias.
    con atencion apurimak

  2. He estado leyéndote ahora, y comentarte que apreció lo que haces y lo que dices.

    Nunca me han gustado las clasificaciones, jeje, aunque entiendo la utilidad. Pero vaya, creo que no estoy en ninguna de ellas. Aspiro a vivir, claro.

    Bueno, un saludo fantasma.

  3. hola yo se que los muertos tienen vida en estados unidos en varcados llevan personas muertas a un remol que de muertos y le ponen se rebro de perro

  4. Recién acabo de toparme con este blog buscando la carta del jefe Seattle. Entiendo que hace ya algunos años que iniciaste este blog y espero aún sigas adelante. Yo soy un deambulante con esperanza de dejar de serlo. Vivo en una sociedad terriblemente conflictiva (México en época de narcolíderes) y a veces egóístamente me gusta pensar que aspirar a la sencillez me da algún mérito personal (no aspiro a más ni a reconocimiento exterior). Desde siempre he estado inconforme con la forma en que tratamos a nuestra madre tierra y desde hace algunos años sigo los pasos de los escritos del maestro Gautama (Buda). Sólo quiero que sepas que admiro lo que haces y que espero hermanar este sentimiento con tus lectores. Gracias.

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