Presentación del blog

Jueves, 25 de octubre de 2,007. Comienzo a escribir este modesto blog con varios objetivos. Uno, el de hacer una pequeña aportación a una cuestión tan candente, obligatoria y al mismo tiempo delicada como la del decrecimiento; difundir algunas de sus propuestas pero sobre todo, aportar una visión personal sobre el tema. He visto a muchas personas, al interesarse por el decrecimiento, hacerse la misma pregunta: “¿bueno, y algún ejemplo práctico?”, “¿Y por dónde empiezo?”. Quizás conocer mis inquietudes y contradicciones les aclare algo. Probablemente al revés, les cree más incógnitas. No es una cuestión sencilla, la de desaprender lo asumido desde niño.

A nivel personal tal vez me sirva para trazar mejor mi camino. Incluso, para presionarme un poco; una especie de compromiso que creo con mis lectores/as a los que intentaré no defraudar. En cualquier caso que nadie espere heroicidades ni sacrificios absurdos de cara a la galería, ni afán de conseguir ninguna medalla. Mas bien dudas y debilidades, aunque eso sí, echándole un poco de humor y alegría al asunto, pues pienso que deben ser la base para una feliz plenitud decreciente.

Estoy contento de reunirme contigo en el ciberespacio; desde allá sonde estés, nos unirá nuestro amor por la vida y por este maltratado planeta. Un beso!

ANDONI

Personas vivas, personas muertas y personas deambulantes

Podemos clasificar a las personas en tres grupos: las vivas, las muertas y las deambulantes. Las vivas son las que disfrutan la plenitud de la vida, entienden el valor de las cosas sencillas y los buenos momentos y mantienen joven su espíritu estimulados por la sana curiosidad de un niño; así que deciden cuidar su cuerpo y su mente, comiendo alimentos saludables y manteniéndose al margen de los estímulos indeseables de la sociedad que les rodea. Son personas vivas porque cultivan vida, la defienden y la representan.

Las muertas son aquellas cegadas por la ambición y el egoísmo; devoradas por las imágenes de la sociedad del consumo, vendieron su alma al diablo a cambio de dinero, celebridad y poder. En su loco camino arrasan todo lo que en la vida hay de hermoso y auténtico y depredan el planeta y sus recursos sin pensar en los demás ni el mañana. Es un camino de muerte y así se condenan a representar a la muerte.

Las personas deambulantes carecen de la malicia de las muertas, pero no alcanzaron aún la sabiduría de las vivas. Rodeadas desde la infancia de los estímulos tramposos de la sociedad consumista, consideran lógicas e indiscutibles muchas de sus afirmaciones como la fe en el progreso económico, aunque perciben inquietas sus consecuencias nefastas: contaminación, encarecimiento de costes, guerras y problemas sociales por doquier. Les cuesta sobremanera creer que esta situación pueda cambiar, pues se les ha educado en el egoísmo corto y el conformismo. Trabajan como esclavos para conseguir su zanahoria sin llegar a entender que son grandes y que pueden ser libres.

No es fácil saber cuántas personas hay en cada grupo. Yo opino que la mayoría son deambulantes, y que hay no pocas muertas fastidiando por ahí. Pero mi percepción (y mi esperanza) es que cada vez es más numeroso el grupo blanco de las vivas, como un lento pero imparable goteo regenerador de esta sociedad agotada. Hace poco conocí a un grupo extraordinario de ellas en Cantabria, ¡cuánta energía desprendían, cuánto se puede esperar de personas así! Espero que esta dinámica sea suficiente y prevalezca antes de que los daños a nuestro amado planeta sean más dramáticos.

Tu aprecio por el decrecimiento es una señal bastante clara de lo viv@ que estás y te convierte en mi amig@. Las personas que defienden el decrecimiento han superado -o están en el proceso de hacerlo- el egoísmo propio de una sociedad vulgar; y comprenden que serán más felices disfrutando de una buena conversación o un paseo que mirando absortas las imágenes multicolor de la última televisión de plasma. Este cambio es muy meritorio porque el enemigo es grande y poderoso, así que ¡felicidades!

Yo particularmente, hasta hace no mucho he sido un muerto-viviente con aspiraciones de más. Hace años quería demostrar lo valioso que soy, pero el tiempo me ha concedido sencillez… Por inconformista escuché a quien me habló de la vida y entusiasmado me he entregado a ella. No pienso ahora en otra cosa que en dejar un futuro mejor para los que vengan.

De permacultura, materiales y falta de tiempo

Siempre tengo la tendencia a llenarme la cabeza con demasiadas cosas, soy de esos tipos a los que una vida no les será suficiente. Ahora intento encontrar tiempo para dedicarme a bioconstrucción e instalaciones, huerto ecológico, algunos blogs para difundir temas que me interesan, permacultura, componer mi música y dibujar a mis sobrinas; además de atender otros temas cotidianos como por ejemplo cuidar un poco más a Inés mi pareja, que me recuerda que el amor es como una planta y yo la riego poco.

Así que ahora que hago el curso de albañilería -con el que espero poder ser útil dedicándome a la bioconstrucción- de 8 a 17 horas, intento meterme otro curso más (todos del paro y gratis, claro) de lampistería: fontanería, gas, electricidad y otras instalaciones. Este curso es de 16 a 21 horas, así que mi tiempo queda más que apretado. He retomado la moto muy a mi pesar porque es imposible seguir este ritmo a golpe de bicicleta…

La ventaja de estudiar tanto es que en menos tiempo conseguiré los conocimientos que creo necesitar para ser útil donde quiero, y como sólo tengo cuatro meses de paro esto me permitirá poder trabajar antes y con más garantías. Pero es un sacrificio de precio alto: usar la moto indeseada, descuidar mis obligaciones en casa, no poder ayudar mejor a l@s compañer@s de la Entesa pel Decreixement, dejar más cosas por el camino.

Creo que en permacultura hay un principio que viene a decir que en ocasiones, merece la pena utilizar un recurso que parece contrario a nuestros propósitos, si con ello conseguimos más rápidamente un resultado mejor, mejorando la eficiencia general. En bioconstrucción son habituales los juegos malabares para elegir entre un material extranjero de más calidad y duradero aunque de un coste medioambiental más alto, y otro material de origen local y barato pero de peor aislamiento y que necesita más mantenimiento. ¿Qué resulta más ecológico? Son preguntas de respuestas subjetivas e indefinidas.

Así, espero acertar priorizando de esta forma mis 24 horas, es de esperar que cuando esté ayudando a dar forma a algún proyecto interesante con estos nuevos conocimientos la satisfacción me recompense por lo que dejé de hacer.

¿Qué hacer con la moto?

Ahora que voy la mar de contento con mi bicicletilla plegable y disfruto pedaleando hasta el trabajo, estoy cogiendo una profunda aversión a los coches y el tráfico y dejando arrinconada y polvorienta mi veterana moto Yamaha Neo’s.

La moto, todo hay que decirlo, es un transporte ideal para disfrutar Barcelona. Bueno, ahora que la he probado sé que la bici no tiene nada que envidiarle, y más ahora que los políticos se han sumado a la movilización ciudadana y promocionan los carriles-bici. Cada vez hay más ciclistas alegrando la ciudad y me gusta participar de este buen rollito.

Ya estuve a punto de vender la moto hace unos meses, pero el comprador al final se echó atrás. Después de leer el libro de Jim Merkel “Simplicidad radical” tanto me encorajiné, que decidí deshacerme del medio de transporte que tan bien me ha ido durante años. Y como aún la tengo, la aprovecho de vez en cuando; debo aclarar que ahora vivimos en el Guinardó, una zona alta hacia la montaña y con cuestas empinadas. Me resulta práctica para mover cargas pesadas o cuando voy a algún lado con mi pareja. Pero mantenerla así me da que no es plan.

He tenido que llevarla al mecánico porque se había atascado el freno trasero, y el amigo Juan me aclara que es del poco uso, con la humedad se quedó trabado. Encima me quejo del humo abundante, contaminante y molesto que suelta ahora y me responde que de poco usarla, se acumula el aceite en el mezclador y al arrancarla contamina de golpe lo que he ahorrado pacientemente durante la semana con la bicicleta. Vaya, que si le hiciera más kilómetros funcionaría de forma más eficiente!!

En cualquier momento el motor dirá ¡¡basta!! y repararlo costaría unos 500 €. Supongo que será el momento para abandonarla definitivamente.